El dilema que enfrentan los empresarios en crisis

Cuando una empresa enfrenta dificultades financieras serias, sus dueños suelen cometer uno de dos errores: actuar demasiado tarde, cuando las opciones ya se han cerrado, o elegir el procedimiento equivocado para su situación particular. Ambos errores tienen consecuencias graves y, en muchos casos, irreversibles.

La Ley N° 20.720, que regula los procedimientos concursales en Chile, ofrece herramientas distintas según el momento y la situación de la empresa. Entender cuándo usar cada una puede ser la diferencia entre salvar el negocio y perderlo.

¿Qué es la reorganización empresarial?

El Procedimiento Concursal de Reorganización permite a una empresa que enfrenta dificultades financieras negociar un acuerdo con sus acreedores. El objetivo es reestructurar los pasivos — reprogramar pagos, capitalizar pasivos, renegociar intereses — para que la empresa pueda seguir operando.

La reorganización no es lo mismo que la liquidación (quiebra). Es una herramienta preventiva y negocial que protege a la empresa mientras negocia con sus acreedores, impidiendo que estos ejecuten individualmente sus créditos durante el proceso.

¿Cuándo conviene la reorganización?

El proceso en términos prácticos

La empresa presenta una solicitud ante el tribunal competente, acompañando un conjunto de antecedentes financieros. Nombrado el veedor, se abre un período de protección financiera concursal durante el cual los acreedores no pueden ejecutar sus créditos.

En ese plazo, la empresa debe presentar una propuesta de acuerdo a sus acreedores. Y para que el acuerdo sea aprobado, debe contar con el voto favorable de acreedores que representen al menos dos tercios del pasivo con derecho a voto.

¿Qué es la liquidación?

El Procedimiento Concursal de Liquidación implica el cese de actividades de la empresa, la realización de sus activos y el pago proporcional a sus acreedores según el orden de prelación legal. Es el equivalente moderno de la antigua quiebra.

La liquidación puede ser voluntaria — solicitada por la propia empresa o persona — o forzosa, solicitada por un acreedor. En ambos casos, el resultado es la disolución de la empresa como entidad.

¿Cuándo conviene la liquidación?

Liquidación voluntaria vs. forzosa: la diferencia importa

La liquidación voluntaria ofrece al deudor más control sobre el proceso. Puede elegir el momento de presentarla, preparar la documentación con tiempo y eventualmente negociar condiciones con los principales acreedores antes de presentarla. La liquidación forzosa, en cambio, la inicia un acreedor y el deudor pierde el control del momento y la preparación.

Por eso, cuando la liquidación es inevitable, presentarla voluntariamente es generalmente mejor que esperar a que un acreedor la solicite.

Con todo, y aún con la solicitud de liquidación forzosa por un tercero, el sistema nos dota de métodos para sortearla con la concurrencia de ciertas hipótesis, haciéndolas valer mediante un juicio de oposición, o bien intentando una reorganización concursal.

La renegociación de persona natural: una opción distinta

Es importante no confundir los procedimientos anteriores con la Renegociación de la Persona Natural Deudora, que aplica a personas naturales. Este procedimiento tiene reglas distintas y umbrales de acceso diferentes, destacándose el acompañamiento de la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento en la negociación con acreedores.

¿Cuándo ya es tarde?

Esta es la pregunta más difícil y la más importante. Las señales de que las opciones se están cerrando incluyen:

La reorganización requiere que la empresa aún tenga capacidad de negociar y cumplir un acuerdo. Una empresa que ya no tiene flujo de caja, que ha perdido a sus principales clientes o que tiene deudas laborales y tributarias impagables, difícilmente puede ofrecer una propuesta creíble a sus acreedores.

El factor tiempo es decisivo

En materia concursal, cada semana que pasa sin actuar puede cerrar una opción. Las empresas que llegan a reorganización en una etapa temprana tienen una tasa de éxito significativamente mayor que las que llegan cuando la crisis ya es terminal.

La señal más confiable de que hay que actuar es esta: cuando los dueños empiezan a pagar deudas personales con recursos de la empresa, o viceversa, sumado a morosidades generalizadas financieras y de cotizaciones, el umbral de acción ya fue superado.

Conclusión

Reorganización y liquidación no son lo mismo, y elegir mal entre ellas tiene consecuencias irreversibles. La reorganización es para empresas viables con problemas financieros; la liquidación es para empresas que ya no pueden continuar. Y en ambos casos, el momento en que se toma la decisión importa tanto como la decisión misma.

Si tu empresa o tú enfrentan dificultades financieras serias, una evaluación temprana de las opciones disponibles — antes de que los acreedores tomen la iniciativa — puede marcar la diferencia entre preservar el negocio y perderlo todo.